lunes, 9 de agosto de 2021

La raíz del alma

En la raíz del alma se encuentra la llave que te abre las puertas de todos los cielos. Allí vive el verbo infinito con el que puedes hablar con tus dioses. La has buscado en el bosque, el desierto y el mar. No recuerdas que, en otra vida, la escuchaste en una montaña.


Ramón Chomina L.
ramcl06@gmail.com 

Un viernes triste

Era un viernes triste, de esos en los que el alma se extravía en el vacío de la pena cercana; de esos en los que el corazón llora en la profunda orfandad que le deja la aflicción de la muerte.

-¡Duele tu ausencia! -dijo Magdalena, abrazando la gran piedra del destino.


Ramón Chomina L.
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Disfraz de espectro

En un rincón de la Calle Oscura se ocultó un hombre disfrazado de espectro, armado con un cuchillo que hayó entre la basura. Al ver acercarse a una atractiva mujer se le abalanzó, pero ella le disparó y con su mano izquierda lo mató. Le quitó unos billetes y se fue.


Ramón Chomina L.
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Bruja que duda

Le preguntas a la luna  por tu lobo, al que has amado durante largas noches de insomnio en el bosque. "Enamorarse es un acto de Fe", le cuentas al Elfo de la madrugada, que brilla con luz propia. Eres Bruja y amas por igual coincidencias y diferencias, pero hoy dudas.


Ramón Chomina L.
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Alma incauta

El joven creyó que había encontrado una hada del bosque, una ninfa del lago o una princesa elfíca de la Tierra de la Esperanza. La flecha del enamoramiento le atravezó el corazón y lo ató para siempre a los brazos de aquella bruja oscura, que devoraba almas incautas.


Ramón Chomina L.
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Hotel California

En medio del desierto, donde antes de la gran devastación hubo un pueblo llamado Todos Santos, se levantaba la estructura casi intacta del Hotel California. Junto a la barra del bar, el fantasma de Gleen Frey tocaba la guitarra y bebía un enorme tarro de cerveza.


Ramón Chomina L.
ramcl06@gmail.com 

Plumas negras

Tu árido corazón floreció con la lluvia que los mirlos del verano crearon con su canto. Pero en el invierno llegaron los cuervos a robarte tus semillas de felicidad. Los odias y les temes, pero olvidas que cuervos y mirlos comparten plumas negras, como tus miedos.


Ramón Chomina L.
ramcl06@gmail.com